Lo he visto en tus ojos

 

Te he mirado fijamente a los ojos y me he olvidado de mí.

Tus ojos me han besado las orejas

y me han contado la historia del indio americano, sin tu permiso,

perdido en la ciudad.

 

Tú: reflejo en la botella de licor que baila en su mano.

 

La peonza de tu pensamiento lleva demasiado tiempo jugando contigo,

tus ojeras son el charco en calzada gallega que refleja;

el tintero de tu tristeza que refleja

que refleja,

a tu niño porteador

de un adulto torcido.

 

La vida es jodida, a veces, y te golpea fuerte

como a un boxeador cubano durante ese combate que le ha de retirar.

Sin embargo ya no hay vallas en el patio del colegio

y no es obligatorio ir a clase.

 

Te he mirado fijamente a los ojos y me he olvidado de mí.

En tu iris he visto la curvatura del mundo,

yo satélite,

tú planeta

virgen lleno de bisontes libres,

lleno de sueños sin masacrar.

Tu pupila me ha engullido a 36 metros bajo el mar

y me ha escupido donde habitan las estrellas.

Tu nebulosa sabe a moras recién arrebatadas a las zarzas.

Tienes magia y todavía no lo sabes.

Y he querido abrazarte tanto,

tanto,

tanto,

que te he abrazado fuerte, sin tu permiso,

como el golpe ganador de un boxeador novel.

 

Lo he visto en tus ojos.

Tu adulto cogerá a tu niño en brazos, para siempre invencible.

Tu sol secará tu charco y ya no habrá más reflejo de ti.

 

La calzada está llena de adoquines maltrechos que sonríen de verdad.

 

Ahora eres mañana...

No,

ahora ya no eres mañana,

ahora eres tú.