Humano

Un poema inspirado en la película homónima de Yann Arthur Bertrand

 

La tierra se viste de cocodrilo

sus escamas se rozan formando rojeces y lágrimas

los ojos de los hombres y las mujeres se acercan hasta fundirse en una bola de manantial

y las hojas del otoño que todavía flotan sobre la experiencia

mueren

y porque mueren, volverán a nacer.

 

*

 

La columna vertebral de un cocodrilo se retuerce con cada palada de arena

y los brazos de los hombres de bandana quedan cerca unos de otros por si acaso

alguno cae.

 

Un cocodrilo se ahoga en tierra firme mientras desaparecen sus pupilas.

Las zarpas de las mujeres despedazan el papel de pared pegado a sus rutinas.

La tierna voz les reclama desde el otro cuarto

todo

lo que estén dispuestas a dar.

 

*

 

La tierra sufre con nuestra indulgencia y reclama

para ella indulgencia.

La tierra goza con nuestra inocencia y reclama

para ella inocencia.

La tierra vive a través de nuestro amor.

 

La baraja infinita de testimonios sopla palabras como pompas

a través de los tejidos.

Tejidos de lino, algodón y muselina.

Tejidos de licra, terciopelo y cachemira.

Alpaca, franela y tafetán.

 

*

 

Los ojos de los hombres y las mujeres se alejan hasta distinguirse los gases del futuro.

Su sinceridad es un espejo donde sentimos útero

y confianza. Inmortalidad,

solo un momento.

 

Allí, allí, allí

acurrucada está la belleza.

Aquí, aquí, aquí

la sostengo con los dedos bordados a sus cabellos.